Hola de nuevo, vuelvo al blog. En primer
lugar, muchas gracias a los que me habéis enviado comentarios o correos
relativos al nacimiento del blog. Cada mensaje es una recompensa. Os voy a
contestar….y lo sabéis.
Escribí el primer día algo así como
“bienvenidos a mi vida”. Y como nadie da la bienvenida sin abrir la puerta de
su casa, pues voy a ir abriéndola de vez en cuando para contaros quien soy. Ya sabéis
mi nombre, edad aproximada y profesión. Además, estoy casado, sí, felizmente
casado, con Yoyo, la que me quiere cambiar la foto, esto es, la que me va a
cambiar la foto, y mi mejor crítica, esto es, a la que más caso hago. Tenemos
dos hijos, y pluralizo, pues los
hijos se tienen entre dos, apuntároslo bien. Son Armandito y Martina, la famosa
parejita. Ya os contaré de ellos. Iba a seguir contando de mi vida pero me he
dado cuenta de algo importante: que tengo una FAMILIA. Ya escribiré de la
familia y su importancia: para mí es el germen de todo, de tu propia vida, del
trabajo, de la empresa. Es un motor, que será cada vez más potente si lo
mimamos, engrasamos y hacemos funcionar, y que cuanto más funcione más durará.
Continuará…
TE REGALO MI ALEGRÍA no es una simple frase o
una intención. Son muchas cosas a la vez, es una filosofía de vida y encierra
muchas sorpresas, la principal es un libro que lleva ese título y del que os
iré haciendo partícipes. Por cierto, a ver si lo acabo de una vez…
Dicho lo anterior, TE REGALO MI ALEGRÍA pretende ser una ventana a la cual me asome de vez en cuando, y espero asomarme
mucho, y desde la cual os ofrezca todo aquello que considero que puede alimentar
esa filosofía de vida que, a cambio de nada, quiero regalarte.
Escribí al presentarme que una nueva vida es
posible si eres capaz de cambiar algo en ti. Pues ya es hora, manos a la obra.
¿Estáis listos? Aunque no pretendo que sea este su orden lógico (ya ordenaremos
más adelante, para eso está mi libro), vamos a empezar por la primera lección: PIENSA EN GRANDE.
Lo bueno o malo que consigamos en la vida
depende, en una gran medida, de nuestra mente y de nuestra predisposición para
las cosas. Dijo alguien que la economía es un estado de ánimo. Pues bien, yo
digo que la felicidad es un estado de ánimo, pero que depende mucho de nosotros
mismos, pues la felicidad no es algo que esté fuera y debamos salir a buscar
todas las mañanas (ese es el error de los superficiales y de los materialistas,
que piensan que la felicidad es poseer algo ajeno), sino que está dentro de
nosotros, es el mayor regalo que nos ha hecho Dios, pues la ha puesto ahí dentro,
para sea fácil encontrarla. Lo importante es saberlo. La felicidad está en nuestra
mente, en cómo nos vemos, y en cómo sentimos las cosas, en cómo afrontamos la
vida y cómo miramos al mundo. Si nuestra mente es tan poderosa, lo que tenemos
que hacer es cuidarla, sacarle brillo a diario.
Os doy una receta fácil: lo primero que
tenemos que hacer para educar nuestra mente, entrenarla y orientarla hacia la
felicidad es PENSAR A LO GRANDE. ¿Os habéis parado a pensar cuantas horas os
dedicáis a pensar a lo grande? Yo os digo que cuanto más tiempo dediquéis a
pensar a lo grande, más cosas grandes conseguiréis. Es directamente proporcional.
Pensar a lo grande y visualizaros como pensáis os hará mejores, más felices y
os ayudará a conseguir todas vuestras metas. Cuanto mayor volumen de pensamientos
en grande y positivos realices, más cosas grandes te sucederán. Sólo hay que visualizarlo
de la forma más real posible, y situarte a ti ahí dentro de la escena. La
generación de este tipo de pensamientos, orientados a “ver” tu objetivo
conseguido, te ayudarán a conseguir ese objetivo. El hecho de verte
consiguiendo algo que quieres, pero que creías difícil, te ayudará, en primer
lugar, a intentarlo, y después a conseguirlo. Seguro. Porque sólo es imposible
lo que no se intenta. Si quieres ser un buen padre, piensa en grande y
visualízate como el mejor, con todas las virtudes del mejor de los padres, y
visualízate como un ser admirado por sus hijos, por su mujer, como un ejemplo
para todos, sintiéndote querido y a la vez queriendo. Hazlo a diario, dedícale
unos minutos a ese pensamiento, y serás un padre “a lo grande”. Igual cabe
decir del trabajo, de tus éxitos profesionales, incluso de tu físico, de cualquier
cosa. Piensa en grande y visualízalo, imagínate ya en la meta, saboreando
haberlo conseguido. Ten presente que la vida te quiere, sólo hace falta que tú
quieras a la vida y que pongas vida en tu familia, en tu trabajo, en tus
anhelos, en tus metas. No vegetes, no te limites a sumar años a tu vida, o a
sumar logros materiales a tu vida, o “trofeos de caza”, limítate a ponerle vida
a tus días.
Tú eres lo que piensas, ni más ni menos. Por eso
tu mente debe pensar en grande y verse consiguiendo algo grande. Sólo entonces
la vida te dará y pondrá en tu camino cosas igual de grandes.
Mi maestro en la abogacía, Don Manuel S del A (en adelante, Manolo SA),
me enseñó preciosas lecciones de vida, muchas de ellas provenientes del mundo
agrícola (que gran filosofía la de la gente del campo), y una de las más
bonitas es la historia del lanzador de piedras a la luna. Se trataba de un
pastor que siempre estaba de noche cuidando sus ovejas, y en esas
largas e interminables noches de campo, de tanto mirar al cielo, se empeñó en
darle una pedrada a la luna. Se imaginó lanzando las piedras de mil formas,
perfeccionando el tiro y, por fin, dándole en todo el centro y viendo como se
descomponía en mil pequeñas lunas plateadas, casi como unos fuegos
artificiales. Y con tales pensamientos se dedicó todas las noches de su vida a
lanzarle piedras a la luna, sin desfallecer, ya hubiera luna llena, ya incluso
sin verla, un día tras otro. Nunca se desanimó. Toda su vida así. Nunca le dio a la luna, pero se
convirtió en el mejor lanzador de piedras de la comarca.
Haz como el lanzador de piedras a la luna, y
piensa en grande: obtendrás tu recompensa. Buenas noches…...y cuidado hoy con la luna.